sábado , 16 diciembre, 2017

Magia en el Hayedo de URDABURU

Magia en el Hayedo de Urdaburu

(7/Febrero/2016)

La mañana se va desperezando y la luz va ganando terreno a la oscuridad. Lentamente se mezclan livianas gotas de lluvia con unos tímidos rayos que me animan el alma. Salgo de casa en busca de algún paraíso donde pueda sumergirme en la tranquilidad que la naturaleza pueda brindarme. El elegido en esta ocasión es el Hayedo de Urdaburu, una auténtica maravilla natural a mi disposición tan sólo a 15 minutos de casa.

Desliza la barra hacia la izquierda para ver la MAGIA del BOSQUE

Camino divagando sin rumbo fijo. Me dirijo hacia la borda de Pagosarde cuando la lluvia comienza a arreciar. Me protejo en su interior mientras preparo la cámara y los accesorios. El porche me protege de este txirimiri que por momentos se hace intenso. La Magia del hayedo rodea este lugar. La humedad y la tenue luz me transmiten sensaciones “casi” imposibles de capturar con la cámara.

Las hayas son increíbles en este paraje con sus largos y retorcidos brazos. Sus troncos se visten con ese manto de musgo fluorescente que por momentos hace que parezcan iluminadas. La humedad cala la corteza de sus ramas pero no traspasa esa coraza. Me recuerda a la piel de los animales, impávidos ante las inclemencias meteorológicas.

Sin darme cuenta van pasando los minutos y la lluvia va amainando por momentos. Las gotas de lluvia inundan las desnudas ramas descolgándose como ágiles trapecistas sin ningún miedo a caer al suelo.

El bosque persiste desnudo a estas alturas de calendario. Es una visión “cuasi” obscena pero la Naturaleza no entiende de pudor. Nuestras carcomidas mentes no comprenden la sencillez con que se vive en estos parajes.

El sonido del obturador de mi cámara por momentos es mi único compañero. Los pajarillos que pueblan esta floresta están a resguardo y ni se les siente. Un grupo de intrépidos ciclistas con chirridos de frenos son los que rompen esta complicidad silenciosa. Poco a poco voy despertando de este mágico sueño que me está brindando esta atmósfera húmeda y fría.

Prosigo la marcha adentrándome en las entrañas de este maravilloso bosque. Camino con la sensación de que en cualquier momento puede salirme una criatura como en los cuentos. Seguro que las hadas, enanitos, hobbits y demás especímenes habitan en un lugar parecido a éste.

El agua también es protagonista junto a las hayas. Abundan por doquier incontables riachuelos que transportan veloces las aguas recogidas montaña arriba. La acusada pendiente de las laderas erosiona esta frágil tierra formando simpáticas cascaditas.

El viaje de estos torrentes es corto pero intenso. El final les lleva a reencontrarse con multitud de hermanos. El embalse de Añarbe es la amalgama de todas estas venas del bosque por las que fluye el agua, fuente de vida.

Absorto en mis pensamiento, debo ir abandonando el lugar. Por el trayecto de vuelta comienzan a aparecer tristes narcisos que hacen lo que pueden para mantenerse altivos ante tanta lluvia. Su lucha por sobrevivir a lo que ellos piensan que es la primavera es digna de mención… y con ellos me despido.
La Magia de este hayedo me ha atrapado una vez más, entendiendo que no será la última visita que haga.

 

 

     

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4 comentarios

  1. francisco javier

    Aupa Txemi. Bonito paseo por esos bosques que para mayo tendrán sus hojas verdes. Ha seguir así.
    Un saludo.

    • Gracias Xabier.
      Tú ya sabes bien de que estaba hablando, no en vano ya has recorrido parte de los parajes por los que anduve.
      Razón tienes que en mayo el “traje” le cambiará al bosque. Será otra buena oportunidad para vovler a sumergirme por esos barrancos y gozar de la frescura de los nuevos brotes.
      Un salud,o txapeldun !!

  2. A la calidad de las fotos nos tienes acostumbrado amigo Txemi. Sin embargo, me ha llamado la atención y para bien la letra, los comentarios. En un momento en que prima lo objetivo en la narraciónes y algunas publicaciones así lo exigen, has transmitido literalmente sentimientos, sensaciones, y como dices pensamientos. Todo ello sin barroquismos ni “ñoñerias”.
    Te podría mencionar unos cuantos naturalistas de reconocido prestigio a nivel mundial que en sus escritos científicos destilan sentimientos, pasiones…

    En fin, que en ocasiones se agradece encontrarse con un reportaje como este.

    Un saludo.

    Alberto.

    • Muchas Gracias Alberto.
      Tengo que confesar que me iba sonrojando al leer tu comentario. Ya sabes que yo soy más de Artes Gráficas que de Literatura, pero me apetecía intentar contagiar las sensaciones que obtuve de ese mágico hayedo de Urdaburu.
      Para mi ha sido algo diferente, y tampoco me ha costado tanto al ver que las palabras me las iban “dando” las propias imágenes.
      Un abrazo enorme, grandullón !!

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